Hoy a tenido lugar la jornada del programa @EprenSocial de la Generalitat de Cataluña sobre financiación para empresas sociales. El evento ha durado toda la mañana y ha contado con gran número de asistentes. Se ha hablado de las últimas tendencias en financiación y de distitos mecanismos financieros para emprendedores sociales, tanto en el extranjero como en España.

Especialmente interesante nos ha resultado la ponencia de Javier Martín Cavanna, Presidente de fundación Compromiso Empresarial y Editor de la revista Compromiso Empresarial, quien ha presentado la ponencia “Invertir en Empresas Sociales”. Martín ha repasado mecanismos de financiación como los bonos de impacto social que se están pilotando en Reino Unido, o el concepto de Social impact Investment (o inversión en impacto social). También ha mencionado la necesidad de estructuración del sector para que este tipo de inversión, que prioriza el retorno social pero busca un retorno económico también, pueda crecer y convertirse en un activo.

En la opinión de Martín, el sector del emprendimiento social se enfrenta a cinco grandes retos:

1. Clarificar el concepto de emprendedor social y la comprensión de los problemas que éstos enfrentan. En efecto el problema de la definición del emprendimiento social sigue siendo un debate no cerrado, a pesar de que cada organización e institución ha ofrecido su definición. En nuestra opinión, más allá del problema de cómo definir a un emprendedor social, y de qué incluye o excluye esta definición, el abanico de proyectos y situaciones comprendidas incluso bajo las definiciones más restrictivas de ese término sigue siendo amplísimo. Por ejemplo, aceptamos en la definición a los proyectos con ánimo de lucro pero que buscan tambien un retorno social e su actividad? Excluímos a los proyectos cuyo modelo de negocio no sea viable comercialmente (como los “leveraged nonprofit” mencionados por Hartigan y Elkington)? ¿Hablamos de emprendedores individuales que inician sus proyectos y quieren poner en marcha una idea, o de empresas ya consolidadas?  Esta gran diversidad no sólo lleva a confusión en el uso del término, sino que hace difícil definir políticas o herramientas efectivas que requieran un foco en una tipología particular de emprendedor social.

2. Encontrar un suelo común entre diferentes visiones y objetivos a largo plazo. Históricamente el emprendedor social ha sido ensalzado por organizaciones como Ashoka como un héroe, una persna muy especial capaz de innovar en proyectos de gran valor para la sociedad y de cnseguir los recursos y apoyos necesarios para implementarlos con éxito. Sin embargo recientemente, a medida que el denómeno toma fuerza y se ve como algo cuya expansión es deseable, aparece la idea de que todos podemos ser emprendedores sociales. También toma fuerza la fgura del emprendedor social como líder de equipos de emprendedores, como facilitador de un proceso que debe ser colectivo por definición. Probablemente todas esas perspectivas sean válidas en cierta medida. Pero Martín lleva mucha razón en insistir en la necesidad de (re)conciliarlas en un marco común que permita desarrollar el sector en toda su aplitud de situaciones.

3. Equilibrar la necesidad de difundir el concepto con la comunicación de resultados y expectativas realistas. El fenómeno del emprendimiento social no es una panacea capaz de solucionarlo todo, igual que el microcrédito no es la solución definitiva a la pobreza. Si bien divulgar el concepto es positivo, hay que evitar crear falsas expectativas. En cambio, hay que acompañar el concepto con resultados rigurosos que muestren la realidad del sector y de su impacto. Eso requerirá transparencia en la comunicación y un  mayor esfuerzo en la medición entre otras cosas.  Sin duda este punto tiene mucho que ver también con el anterior: ¿qué ambición para el emprendimiento social?

4. Combinar el empuje y capacidad de asunción de riesgos, entsuiasmo de los emprendedores (jóvenes) con la experiencia, conocimiento del mercado y foco (mayores). Poner en marcha un negocio es muy complicado, y si encima añadimos la variable social… aún más. No podemos estar más de acuerdo con Javier Martín: los emprendedores necesitan las canas y a la vez la sangre nueva de los jóvenes. Por eso apostamos por los proyectos intergeneracionales y por la búsqueda de sinergias. Buen ejemplo de ello son nuestros cursos de emprendimiento social, en que nuestros alumnos universitarios trabajan para emprendedores consolidados que les proponen un reto empresarial real al que se enfrentan. Trabajar para y con un emprendedor social es sin duda la mejor forma de aprneder para estos jóvenes, pero los emprendedores también se llevan ellos mismos un gran valor en forma de ideas, motivación y análisis.

5. Desarrollar modelos de financiación para la fase de expansión y despegue.  Martín ha destacado que no es tan difícil enocntrar fondos para el desarrollo de una idea o prototipo, mientras que la dificultad está en encontrar fondos para crecer y escalar más allá de los primeros dos años. Aunque coincidimos con él en la necesidad de que haya más fondos para que los emprendimientos sociales puedan escalar, el capital semilla sigue siendo el gran ausente. La financiación de las empresas sociales en su inicio sigue recayendo mayoritariamente en las 3 Fs: Friends, Family and Fools (Amigos, Familia y Locos). Y cuando no, se suele partir de la capitalización del paro o de los ahorros del propio emprendedor.  Sin duda las priemras fases del emprendimiento son las de mayor riesgo para un financiador y eso explica en gran parte la falta de mecanismos efectivos a este nivel.  Pero en Anoderwold creemos que existen formas de reducir ese riesgo mediante un acompañamiento integral desde la formación de equipos o el desarrollo de la idea hasta la elaboración del business plan o de los primeros prototipos. Pero eso ya es un tema para otro post…

Share →

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *